LOS PROGRES
Esta especie peculiar, aunque estaban ahí, comenzó a proliferar a partir de los inicios de la democracia. Fue cuando, con gran fuerza, se multiplicaron las tertulias radiofónicas y televisivas y con ellas se institucionalizó un nuevo trabajo: “de profesión, tertuliano”.
Era muy normal escucharlos dándonos lecciones de libertad y democracia, guiando, con sus exposiciones, a todos esos “pobres ciudadanos” que después de tantos años de represión, no tenían idea (según ellos) de lo que significaba democracia, constitución, monarquía parlamentaria, defensa de derechos, huelgas...
Pero, ahora, todo ha cambiado y muchos de esos “progres”, pseudos intelectuales ( como el tiempo todo lo cura) han tornado sus proclamas libertarias, en todo lo contrario: negar el derecho a la huelga que, como todos los trabajadores, tienen los transportistas.
Mi indignación no tenía límites, cuando escuchaba, en un debate en TV, a la ¿republicana? Pilar Rahola y al “insigne letrado, Javier Nart, atacar y exponer, de manera desaforada, sus opiniones contrarias a una huelga legal cuando sus convocantes explicaban sus razonados motivos y los derechos que los amparaban.
¡Cómo una huelga va a repercutir de esa forma en el ciudadano de a pie!, aducían como argumento aquellos “exprogres” que no hace mucho se les llenaba la boca invitándonos, a diestro y siniestro, a que protestáramos y exigiéramos nuestros derechos
Pues yo les digo, ¡cómo todas las huelgas! ( médicos, enfermeros, profesores, pilotos controladores aéreos, personal de limpieza, funcionarios de justicia, etc, etc, etc ). De eso se trata, de forzar, con todos los medios legales al alcance del trabajador, a que las diferentes administraciones, en definitiva, los gobiernos, por la repercusión social establecida, lleguen a un acuerdo con los convocantes y se consiga en su totalidad o en parte importante las reivindicaciones de los huelguistas.
Si quieren, para no molestarlos, (su oposición a esta huelga viene dada, seguramente, porque les afectó personalmente y estuvieron algunas horitas en un atasco), que los transportistas aparquen sus camiones delante de sus casas y hagan la huelga en ella, allí, tranquilitos con su mujer y sus hijos.
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